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Se accede a La Posada de San Ginés a través del Arco de San Ginés, en la plaza que lleva su nombre, lugar de tertulia y ganchillo, de buscar la solana en invierno y la fresca en verano.

El edificio es en sí reflejo de la altivez y alcurnia que caracteriza a Miranda: su fachada, la balconada de madera, la ventana terminada con su celosía, el enrejado de ventanas y maceteros ...

Y si el exterior seduce, no menos seduce su interior: adosada al castillo, con el viejo cubo vigilando al paso que le marcan sus relojes, invita al descanso, al sosiego, al disfrute de sus amplias habitaciones, del paisaje que se cuela por sus ventanas, de la luz que inunda la claraboya.